Cada año, cuando llega el verano, el tema de los incendios surge nuevamente. En Argentina, entre 1992 y 1994, se quemaron más de 7.000.000 de hectáreas (equivale a casi tres veces la provincia de Tucumán). Entre 1976 y 1992, ardieron 4.500.000 hectáreas en La Pampa (Argentina), y entre diciembre de 2000 y mediados de enero de 2001, en esta provincia, se quemaron 1.600.000 hectáreas, y los incendios siguen.

Rayos y centellas

La mayor cantidad de incendios forestales tiene como responsable al hombre. Aún cuando en las estadísticas figure un 24 % atribuido a “causas naturales” (rayos), hay quienes sostienen que el porcentaje es menor, ya que muchos incendios tienen su origen en actividades humanas (retaceo de campos, por ejemplo), y una vez fuera de control, hay quienes prefieren responsabilizar del asunto a algún rayo de alguna tormenta inexistente.

De todas maneras, la naturaleza juega su rol, y existen lugares donde las “causas naturales” tienen más incidencias que en otras. Mientras que en España, sólo un 5 % de los incendios está en este segmento, en la región pampeana alcanza un 24,40 %, y en California (EE.UU.) hubo años que trepó hasta un 49,60 %.

Pero, al momento de analizar las estadísticas del 75 % restantes, las causas son muchas, aunque el responsable es uno solo: el hombre. En Argentina, las acciones humanas que ocasionan los incendios van desde el cigarrillo encendido que arroja un conductor desaprensivo desde su auto (el 0,61 % tiene éste origen, contra un 23,10 % en California), las chispas que se producen cuando pasa el ferrocarril (5, 49 %, contra un 0,60% en España), la quema de desechos, las quemas intencionales, etc. Sin embargo, existe en esta clasificación el segmento más “popular”, y a la vez, el más sospechoso: los “No determinados”. Esta denominación no oculta que el culpable es el hombre, pero no especifica (no existen datos) cuál es el origen del siniestro. Mientras que en países con mayor poder de policía, las estadísticas bajan notablemente (en España alcanza un 40,20 % y en California apenas figura), en Argentina, más del 60 % de las acciones atribuidas a la actividad humana no han podido ser clasificadas.

Año llovedor

Si ha sido “un año llovedor”, como dicen los baqueanos, hay más pastos. Si el ganado es el mismo o ha aumentado muy poco, come una parte de ese pasto pero queda mucha vegetación. Si a esto se agrega que el próximo año casi no llueve, que el pasto se seca, las temperaturas son muy altas, el verano calienta… entonces los incendios entran sin llamar.

Y, lamentablemente, esta es la situación de este año. Con un año como el anterior con buena cantidad de lluvias, y con un verano seco como el presente, los incendios no se hicieron esperar. Hasta el momento, solamente en la provincia de La Pampa, se han quemado 1.600.000 hectáreas de bosques de caldén, pastizales y campos. Las pérdidas, según fuentes oficiales, alcanzan los 9 millones de dólares, sin contemplar la fauna y la flora silvestre que fueron exterminada por las llamas.