El Lucero

La luna, madre encorvada, pidió a su hijo:
– No sé dónde anda tu padre. Llévale noticias de mí. Partió el hijo en busca del más intenso de los fuegos. No lo encontró en el mediodía, donde el sol bebe su
vino y baila con sus mujeres al son de los atabales. Lo buscó en los horizontes y en la región de los muertos. En ninguna de sus cuatro casas estaba el sol de los pueblos tarascos.
El Lucero continúa persiguiendo a su padre por el cielo. Siempre llega demasiado temprano o demasiado tarde (*).

¿Por qué siempre llega demasiado tarde o temprano?
Como nos relatan en su hermosa historia los antiguos pobladores de la América precolombina, el Lucero (el planeta Venus) puede verse nada más que poco antes de la salida del Sol, o poco después de la puesta del mismo.

Todos los pueblos antiguos conocían esta característica del Lucero, y muchos también habían notado que a veces podía vérselo acompañado por otro cuerpo de menor brillo, pero que se comportaba de modo similar: el planeta Mercurio.

¿Qué hace que ambos planetas aparezcan
en el cielo muy próximos al Sol?

Para comprender esto deberemos hacer un esfuerzo de imaginación y analizar la Figura 1, que nos muestra el cielo desde dos perspectivas: en la parte izquierda, estamos muy lejos en el espacio. Desde la parte sur del cielo, viendo a los planetas Mercurio, Venus y Tierra orbitando alrededor del Sol. En la parte derecha, estamos en casa, el día 1 de agosto a eso de las 19:00 horas, viendo el sector del horizonte por el que acaba de ponerse el Sol.

Cuando se los observa desde la Tierra en estos días, ambos planetas aparecen proyectados en el cielo sobre la constelación de Leo (indicado esto con las visuales, es decir, las líneas que unen el fondo estrellado con el planeta y con nuestros ojos). 

Mercurio y Venus 
Son los dos planetas más cercanos al Sol. Mercurio tarda nada más que 88 días en dar una vuelta completa a su alrededor y Venus tarda 225 días en hacer lo propio. Por ser sus órbitas más pequeñas que de la Tierra, ello hace que al verlos desde nuestro planeta siempre estén próximos al Sol.

Las consecuencias más evidentes en lo cotidiano es que tanto Venus como Mercurio sólo pueden ser vistos antes del amanecer, o bien después del atardecer, dependiendo de qué lado estén en sus órbitas con respecto al Sol.

En los primeros días de agosto, ambos planetas están al este del Sol, por lo que sólo podemos verlos poco después de la puesta, es decir; primero se pone el Sol, luego se pone Mercurio, y finalmente se pone Venus, el lucero vespertino. La parte de la derecha de la Figura 1, muestra la línea del horizonte, con el Sol por debajo de ella (ya se puso), con Mercurio y Venus sobre Leo.

Vale aclarar que en esos días, por consiguiente, primero sale el Sol, luego sale Mercurio y luego sale Venus, por lo que ambos planetas no son visibles debido al resplandor del cielo.
La Figura 2 nos muestra algo similar, pero veinte días después, alrededor del 20 de agosto a la misma hora. Los tres planetas se han corrido en su órbita: Mercurio casi un cuarto de vuelta, Venus un poco menos y la Tierra aún menos.

Sin embargo, por estar nosotros viajando sobre la Tierra, la apariencia del cielo que vemos en nuestro lugar de observación ha variado: el Sol se corrió hacia dentro de la constelación de Leo, Mercurio está más próximo al Sol por lo que ya no lo podemos casi ver debido al resplandor del cielo, y Venus ha salido de Leo entrando en Virgo.

Queremos invitarlos a seguir la evolución de estos planetas en el cielo del atardecer, gozar con ellos y tratar de comprender un poco mejor los movimientos de los planetas en el Sistema Solar. Seguramente, mientras observamos a Mercurio y Venus, podremos darnos cuenta que cada tanto aparece como invitada de lujo una hermosa Luna cenicienta, y ante tanta belleza podremos comprender a aquellos pueblos que eligieron a esa Luna y al Lucero como símbolos de sus banderas.